Título:  Tormenta de espadas (Canción de Hielo y Fuego 3) Autor: George R. R. Martin Editorial: GIGAMESH Precio: 36,10 € en rústica P...

Tormenta de espadas | Reseña

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Título: Tormenta de espadas (Canción de Hielo y Fuego 3)
Autor: George R. R. Martin
Editorial: GIGAMESH
Precio: 36,10 € en rústica
Páginas: 1232
Puntuación: 5/5


Las huestes de los fugaces reyes de Poniente, descompuestas en hordas, asuelan y esquilman una tierra castigada por la guerra e indefensa ante un invierno que se anuncia inusitadamente crudo. Las alianzas nacen y se desvanecen como volutas de humo bajo el viento helado del Norte. Ajena a las intrigas palaciegas, e ignorante del auténtico peligro en ciernes, la Guardia de la Noche se ve desbordada por los salvajes. Y al otro lado del mundo, Daenerys Targaryen intenta reclutar en las Ciudades Libres un ejército con el que desembarcar en su tierra. Martin hace que lo imposible parezca sencillo.



Si alguno aun dudaba de George R. R. Martin, con Tormenta de espadas se consolida como uno de los grandes de la épica fantástica. El mejor de los cinco libros que de momento se han publicado, la tercera entrega es un cúmulo de emociones y sucesos trepidantes que me mantuvieron pegada a sus más de mil páginas. No lo digo sólo yo, vayas dónde vayas los fans acérrimos de este hombre confirman que, en efecto, este es el mejor libro de la saga. 

La rebelión sigue, y con ella la situación de violencia constante en la que viven los personajes; Poniente es un lugar peligroso, donde nadie está a salvo, pero Desembarco del Rey en concreto es aún peor: un nido de víboras, donde las intrigas palaciegas, las traiciones, las conspiraciones y las mezquindades son el plato principal que la capital puede ofrecernos. Todo eso debe aliñarse con una buena dosis de ambiciones por parte de unos e ingenuidad por parte de otros, se deja reposar, se añade una pizca de objetivos a cada personaje —véase: poder, justicia, paz, seguridad— y se obtiene algo más parecido a un cartucho de dinamita que a una comida. Cada personaje, con todos los matices que lo forman como persona, con todas sus tonalidades de gris, tira de un lado, busca su propio beneficio y el de los suyos, y el precario equilibrio que podría conservar la historia se tensa, se tensa y se tensa hasta que se rompe. Las fichas, cuidadosamente colocadas en el tablero, toman sus decisiones; algunas caen, otras logran mantenerse en pie. Pero nadie está a salvo, porque el tablero no es realmente un tablero, sino que se trata de arenas movedizas, y nuestros amigos y aliados pueden resultar ser nuestros enemigos en cualquier momento. 

El juego de tronos sigue más presente que nunca, pero también los elementos mágicos, como buena saga fantástica que es. Los salvajes son conscientes de esta realidad, y se dirigen al sur huyendo de la amenaza de los Otros. Jon, Arya y Bran, los hermanos que aún conservan su lobo huargo y tienen capítulos propios, mantienen una conexión especial con sus lobos, pueden captar sus emociones e introducirse en su cuerpo como si fuesen extensiones de su alma. Mientras, al otro lado del Mar Angosto, Daenerys Targaryen busca crear un ejército para conquistar Poniente mientras espera que sus dragones crezcan y se hagan lo suficientemente grandes como para llevarlos a la guerra. 

Un, dos… Un, dos… A cada vuelta de página nos espera algo horrible, algo impactante, algo inesperado. Muchos son los que han oído palabras como «La Boda Roja», «La Boda Púrpura», «el Juicio» o «el Combate»; muchos son los que se están perdiendo estos sucesos que a mí me dejaron con la piel de gallina —a pesar de conocer qué ocurriría— por no hacerse con el libro inmediatamente. Si algún libro merece mil elogios, y más, es este; si algunos personajes fueron creados para ser amados y admirados, para ser recordados, para dejarnos una bola de ansiedad en la garganta, son estos; desde la pequeña Arya hasta Jaime el Matarreyes, pasando por Sansa, Jon Nieve y Oberyn Martell, incluso Cersei Lannister, con toda su crueldad, sin olvidarnos de Catelyn o Tyrion, nuestros viejos amigos… No hay forma de no enamorarse de este libro. 

De rodillas frente a Martin, sin lugar a dudas.
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